En Argentina, un plan de parentalidad es un acuerdo o propuesta que los progenitores presentan para organizar los aspectos de la vida cotidiana de sus hijos después de una separación o divorcio. Está regulado principalmente por el Código Civil y Comercial de la Nación (artículos 655 y 706) y busca garantizar el bienestar de los niños y su derecho a mantener una relación equilibrada con ambos padres.
Tiene como objetivos principales:
Evitar conflictos futuros entre los padres sobre la responsabilidad parental.
Proporcionar estabilidad emocional a los hijos al definir claramente cómo se organizará su vida. Puede ser presentado de común acuerdo por los progenitores o, en caso de desacuerdo, ser propuesto individualmente al juez para que tome una decisión considerando el interés superior del niño.
Debe contener los siguientes aspectos:
Lugar y tiempo en que el hijo permanecerá con cada progenitor (régimen de cuidado personal). Esto puede ser un cuidado unipersonal (el niño vive con uno y el otro tiene un régimen de comunicación) o compartido (alternado o indistinto).
Responsabilidades que cada progenitor asumirá en relación con las actividades cotidianas de los hijos (quién los lleva y retira de la escuela, quién los ayuda con las tareas, actividades extraescolares, etc.).
Régimen de comunicación y contacto del hijo con el progenitor con el que no convive.
Régimen de vacaciones, días festivos y otras fechas significativas para la familia.
Manutención o alimentos, estableciendo cómo se cubrirán las necesidades económicas del hijo.
Decisiones sobre la educación, la salud y otras cuestiones relevantes para el bienestar del hijo cambios de domicilio.
En definitiva, es una herramienta fundamental para organizar la vida de los hijos tras la separación de sus padres, priorizando siempre su bienestar y el mantenimiento de vínculos saludables con ambos progenitores.
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